Sobre la (grave) contaminación atmosféricas de nuestras ciudades sureñas

Sobre la (grave) contaminación atmosféricas de nuestras ciudades sureñas

05 Junio 2012

En efecto, son ya muchos años que se vienen planteando conceptos como que la gente “haga un buen uso de la leña”, o similares, es decir muy orientados al llamado a la conciencia. Por Edoardo Tosti-Croce.

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Dicen que Albert Eistein habría dicho “No pretendas tener resultados diferentes si haces siempre lo mismo”.

Si bien esta verdad puede ser aplicada a muchas realidades de la vida, en esta oportunidad quiero relacionarla con el problema de la contaminación atmosférica de muchas ciudades de nuestro sur y en particular a Temuco-Padre Las Casas.

En efecto, son ya muchos años que se vienen planteando conceptos como que la gente “haga un buen uso de la leña”, o similares, es decir muy orientados al llamado a la conciencia, al igual como se hace en otras temáticas como el del lanzamiento de piedras en la carretera, la tenencia responsable de mascotas, etc.  

La verdad es que si esos llamados de “buena voluntad” no están acompañados de cosas más concreta, mucho me temo que caigan en el vacío y su efectividad sea muy baja.

En el caso de la grave contaminación atmosférica de nuestras ciudades, estos llamados no están acompañados de alternativas concretas de mejor calidad y menor precio de la fuente de energía, a la vez que al parecer hay pocas posibilidades de fiscalizar, partiendo del hecho extraño que muchos entes del Estado se han involucrado en el efomento del buen manejo en el uso de la leña, sin que ésta, hasta ahora, sea reconocieda oficialmente como combustible y por lo tanto fuera de las competencias de la SEC: así las cosas es difícil que la situación cambie mucho.

De hecho, ¿podriamos decir que luego de todos estos años de campañas (con un costo que desconozco) la situación ha mejorado?  Al parecer no.  Todo indica que la situación ha empeorado y no sólo por el “cambio de escala”, dado que ahora se considera el factor PM 2,5 para establecer los episodios de pre emergencia o de alerta ambiental, sino porque es evidente que la calidad del aire está peor, en especial los días de temperarturas más bajas, cuando ocurre la llamada inversión térmica: es cosa de salir en esas niche a caminar por las calles, para darnos cuenta.

Si a lo anterior agregamos que ya se ha demostrado con cifras que en nuestra zona no hay capacidad para cubrir con “leña certificada” la real demanda, entonces estamos en presencia de una especie de representación teatral, que se repite todos los años con un guión muy parecido y sólo con el cambio de algunos actores, en especial de los voceros o comentaristas ambientales, que nos cuentan cuántas veces hemos superado la norma o lo peligroso que es salir a caminar en las tardes o noches de inversión térmica, “en especial para infantes y personas de la tercera edad”.  O bien, estas autoridades que comentan la situación ambiental, derechamente confiensan su esperanza de que lleguen luego lluvias, para que se limpie el contaminado aire.

Por lo demás, hay un aspecto del que no se habla mucho y es que aunque la leña tenga el nivel de humedad adecuado, igual habrá desprendimineto de material particulado, ya que por definición la llamada combustión lenta es una forma de quemar en presencia de poco oxígeno (hipoxia) y de allí el desprendimiento de moléculas incompletamente combustionadas (los llamados Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos o HAP), que en parte pasan a la atmósfera de nuestras ciudades (con el correspondiente riesgo a la salud) y en parte se adhieren como creosota a los ductos de salida de estos calefactores, lo que obliga a limpiarlos con cierta regularidad, para evitar amagos de incendio, pese a lo cual igual ocurren y se incrementan en época de invierno.

Hay que reconocer que en algo se ha avanzado y ahora es frecuente ver a CONAF que advierte a los “productores” que la leña debe provenir de “predios con plan de manejo”, pero cabe la duda de la real capacidad de fiscalización que tiene esta prestigiosa Corporación y el costo que todo ello implica.

Por otro lado, en ocasiones se ha visto al SII que trata de fiscalizar la venta de la leña a los camiones leñeros que se instalan en la vía pública, para el correspondiente pago de impuestos, pero eso más bien parece una raya en el agua, dado el impacto que tiene sobre el volumen total de la leña que se consume.

Además, no es un secreto que muchos particulares transportan la leña para su consumo en sus camionetas, desde sus propios predios o se la consiguen con algún amigo o conocido que tiene campo, es decir hay un aparentemente inevitable flujo de leña no certificada hacia nuestras ciudades y que además no paga impuesto alguno.

Si a todo lo anterior agregamos que está documentada la alarmante disminución de la cobertura forestal nativa en toda la macro zona sur en los últimos años, entonces el panorama se hace realmente grave, ya que sin cobertura vegetal, los cerros y cordilleras no cumplen su función de servir de reservorios de agua y sencillamente ésta baja de inmediato a los valles, haciendo que muchas veces los causes de los ríos no den abasto y entonces tenemos las inundaciones de las partes bajas.  Claro, porque no se ha valorado al bosque en esta vital función reguladora del ciclo del agua y sólo se le ve principalmente como fuente de leña a ser quemada.

Lo descrito no sólo no debería seguir ocurriendo, sino que además debería implementarse un plan maestro de reforestación con bosque nativo de las partes altas, llegando a una más inteligente y sustentable explotación comercial de esas zonas, como puede ser el turismo de intereses especiales o alguna otra actividad que no signifique la depredación de dichos bosques de altura, aun cuando esos predios sean de particulares.  Es decir, debe desarrollarse una verdadera política de Estado sobre los bosques y cobertura vegetal de nuestras alturas.

¿Qué se puede hacer entonces frente a este desolador y autodestructivo panorama?

Muy simple: tal como se derribó el mito de que el transporte público de pasajeros en zona urbana no podía ser subvencionado, propongo que derribemos el mito de que no pueden ser subvencionadas energías más limpias, siempre que nos interese algo la vida de los ciudadanos “de regiones”.

Es decir, no veo por qué se debe aceptar como algo lógico y natural que el Transantiago ya se haya gastado más de US $ 9.000 millones en subvenciones -que alcansarían para más de 10 puentes sobre el Canal de Chacao, para verlo gráficamente- y esté a punto de aprobarse una nueva ley para su subvención permanente a ese medio de transporte capitalino, mientas el gas o la electricidad en zonas de largo y fríos inviernos no puedan tener una subvención o simplemente liberarlos del pago de IVA, tal como el transporte está exento de este tributo.

Y que esta reducción de costos de las energías limpias sea pareja para todos y no empecemos, por favor, a subvencionar en forma arbitraria a esos grupos que logran hacer presión, como algún “iluminado” ha planteado que debe hacerse con la bencina, a través de aportes “sólo para quienes trabajen con su vehículo” y que en este momento está restringido sólo para algunas categorías, dejando fuera a una inmensa mayoría de personas que usan su vehículo “para ir a trabajar” y que por lo tanto también deberían tener derecho.

Creo que para alcanzar una real solución al problema de contaminación atmosférica, además de mejorar las condicones de aislamiento térmico de las viviendas ya existentes (a las nuevas se aplica una norma que ha mejorado su aislamiento térmico), hay que hacer un radical cambio en el tipo de energía que se está usando para calefaccionar esas mismas viviendas.

Algo así como hizo Londres a fines de los años ’50, luego de la grave contaminación que tenían por usar carbón como fuente de energía, la que en un solo día produjo la mortandad de centenares de personas.

Es decir, deberíamos de dejar de hacer y decir lo mismo, si realmente queremos cambios.

Prof. Edoardo Tosti-Croce A.

Dr. Ciencias Biológica U. de Torino (Italia)