Semana Santa: Padecimiento y muerte de Jesús de Nazaret

06 Abril 2012

Jesús sufrió los dolores más terribles que conoce la humanidad.

Juan Lama Ortega >
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En la revista “Der Spiegel Historia”, en referencia a Jesús de Nazaret, el patólogo Frederik Zugibe informa sobre la causa de Su muerte desde un punto de vista científico. En su estudio explica: “Fue un conjunto de causas lo que llevó a Jesús a la muerte. Jesús sentía con intranquilidad como se sucederían las horas venideras, por ello durante un momento con sus discípulos sudó sangre, algo que los médicos conocen como un síntoma de estar bajo un grandísimo estrés”.

Ser apaleado y vejado por fanáticos, como le sucedió a Jesús en casa de Caifás, habría inquietado fuertemente también a la persona más valiente. No obstante, en comparación Jesús salió relativamente a salvo de esta prueba. Más dramática fue la tortura que se llevó a cabo con el flagran, una especie de fusta con varias correas de cuero, a cuyos extremos iban entretejidos trozos de huesos o bolas de plomo. “Eso es como si a uno le dieran un golpe en las costillas con un bate de béisbol, provocando un intenso dolor durante semanas”, relata Zugibe. “Sin lugar a dudas, el brutal azote determinó su temprana muerte”, señaló.

Especialmente el tórax y los pulmones sufrieron grandes daños. Cubierto de sangre y vómitos Jesús fue conducido a un martirio que había sido maquinado exclusivamente para él. Los soldados le pusieron una corona de espinas y le golpearon la cabeza con una caña. Un suplicio infravalorado puesto que la sádica coronación llevó ineludiblemente a Jesús al borde de la muerte; se podría comparar como si se aplicara sobre la carne un atizador de hierro candente. El ultrajado Salvador ya estaba pronto a morir cuando lo clavaron en la cruz con gruesos clavos de hierro.

Jesús sufrió los dolores más terribles que conoce la humanidad, concluye Zugibe, agregando: “Con el más mínimo movimiento el dolor se extendía por todo el cuerpo como un golpe de corriente. Sólo después de un sufrimiento eterno le llegó la muerte liberadora”. El adversario de Dios utilizó las más brutales opciones a su alcance para obligar a Jesús a rendirse sin cumplir Su misión de redimir a todas las almas y hombres y salvar la cuna de la creación, pero Jesús el Cristo venció. De ahí que la cursilería de la representación eclesial de Semana Santa deba ser calificada de ridiculización.

El adversario de Dios expone el cadáver de Jesús muerto en la cruz como signo de victoria, y los llamados cristianos lo veneran sin cuestionarse que Jesús resucitó y redimió a la humanidad, por lo tanto ¿quién tiene tanto interés en mantenerlo clavado en la cruz?, aquel que abogó y determinó el calvario de Jesús de Nazaret y Su crucifixión convirtiéndolo hasta el día de hoy en folklore. El culto de Semana Santa es paganismo puro. Quien todavía no se haya apercibido de ello que piense en el indecible calvario y crucifixión tal como ha sido descrito por el doctor Zugibe. Luego se le debería preguntar si pertenece al paganismo o al barbarismo, ya que con el verdadero cristianismo todo esto no tiene nada que ver.

Del programa: “Cristianismo, paganismo, barbarismo” 
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