Retorno a clases: ¿Es posible que niños y niñas mantengan la distancia en los jardines infantiles?

21 Agosto 2020

Con algunas ciudades en procesos de desconfinamiento y la autorización ministerial para abrir jardines infantiles, muchas familias se están enfrentando al dilema de enviar o no a sus niños y niñas pequeños a los centros educativos.

Rukmini Becerra... >
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Los esfuerzos en las instituciones educativas de infancia se han enfocado en capacitaciones al equipo educativo sobre higiene, termómetros infrarrojos para medir a todo quien ingrese al establecimiento, mascarillas incluso para traslados, más lavamanos, alcohol gel.

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Con algunas ciudades en procesos de desconfinamiento y la autorización ministerial para abrir jardines infantiles, muchas familias se están enfrentando al dilema de enviar o no a sus niños y niñas pequeños a los centros educativos.

Entre otras medidas de prevención y sanitarias, se ha propuesto la separación de colores para el distanciamiento social y la re-organización al interior de los recintos educacionales. Para los equipos educativos, la obligación de uso de escudos; dobles jornadas y clases por turno. Todas, por supuesto, medidas necesarias, pero que sin embargo olvidan la pregunta y preocupación que muchas familias tienen: ¿pueden los niños y niñas menores de 6 años jugar con distanciamiento social? La respuesta simple es, casi imposible.

Imposible, porque los niños y niñas menores de 6 años tienen necesidades de contacto, de juego y movimiento constante.  Entre 0 y 3 años, es imposible explicarles a los más pequeños la importancia de no tener contacto y no se puede esperar que ellos y ellas puedan seguir esas instrucciones. No es realista ni está en consonancia con cómo funciona la infancia tener la expectativa que a esta edad los niños y niñas jueguen separados, solo en pareja, se queden quietos en su mesa que no vayan a otra y respeten su círculo asignado de distancia.

Digo casi, porque es posible que niños de 4 y 6 años puedan comprender mejor las instrucciones y se puedan adaptar, ¿pero a qué precio? Los niños y niñas estarían obligados a seguir rutinas de interacciones forzadas, por ejemplo, solo juega con un compañero, solo siéntate en tu mesa, solo juega en ese rincón. Limitaciones constantes de su comportamiento natural que de seguro afectarán el estado emocional y psicológico, fomentando niños y niñas con más angustia y estrés por no poder jugar y por no socializar libremente.

Y esto, sin considerar aún como factor el estrés de la educadora por tratar que los niños se acerquen poco. Este escenario de restricciones se aleja mucho de un ambiente que pueda producir bienestar y salud mental a los niños y niñas.

En pocas palabras, cualquier retorno a los jardines infantiles debe hacerse asumiendo que los niños y niñas van a jugar en conjunto, van a abrazarse y a darse la mano. Y que impedir estos contactos en los más pequeños puede traer repercusiones emocionales y psicológicas; no es posible mantener la distancia física sin una consecuencia emocional.  Y en verdad, algo que todos sospechamos es que volver a clases en las condiciones actuales pueda ser más dañino aún.