“Aprender a leer y a escribir es aprender a vivir”
Enseñar a leer y a escribir es una tarea que debe tener como punto de origen “la lengua materna de los/las estudiantes”.
Muchas veces hemos sido testigos de la forma en que niños y niñas pequeños/as, que aún no asisten a la escuela, logran comprender el significado de distintos tipos de textos presentes en diversos elementos de uso cotidiano, como etiquetas y envoltorios de dulces, golosinas, marcas de juguetes y productos que forman parte de sus propios intereses. En este proceso los dibujos, colores, formas, conocimientos y experiencias previas juegan un papel clave para interpretar la información y el contenido. Los adultos cometemos en algunas ocasiones el error de argumentar que “tal niño no sabe leer porque no conoce todas las letras del abecedario”. Al respecto, cabe señalar que esta afirmación es incorrecta, ya que el acto de leer no consiste únicamente en “decodificar”; por el contrario, el proceso lector se basa en la “interrogación de textos” para descubrir el sentido y/o significación del contenido de los mismos.
La enseñanza de la lectura y la escritura se fundamenta en la necesidad de las personas de comunicarse para interactuar y desenvolverse en sociedad. La comunicación es una actividad inherente a la vida humana, ya que permanentemente nos estamos comunicando e incluso de forma involuntaria, en otras palabras “es imposible tener la intención de no comunicar”.
Enseñar a leer y a escribir es una tarea que debe tener como punto de origen “la lengua materna de los/las estudiantes”, lo que implica valorar e incluir, como punto de inicio de la enseñanza, el vocabulario y el lenguaje que los niños/as han desarrollado en su contexto familiar y cultural. Es de vital importancia que los/las estudiantes estén inmersos en un ambiente letrado y en contacto con libros, revistas, afiches, cuentos, poemas, recetas de cocina, cartas y toda la gran variedad de textos presentes en el entorno. El objetivo fundamental de todo proceso lector, más que la decodificación, es lograr la comprensión e interpretación de los mensajes presentes en textos literarios y no literarios.
En cuanto a la enseñanza de la escritura, podemos señalar que la producción de textos debe fomentarse en función de desarrollar la creatividad y despertar la imaginación de los educandos. Se deben generar los espacios y las condiciones para que niños y niñas se inspiren en el arte de crear textos que den origen a otros mundos y realidades, sin limitaciones ni restricciones; todo esto producirá un interés y una motivación especial al concebir la escritura como un arte y no como una obligación.
Es necesario que el acto de escribir se realice con un propósito claro y definido cuando existe una intención literaria o en situaciones reales y concretas de la vida cotidiana donde se requiera de la escritura para satisfacer una determinada necesidad.
En conclusión, podemos señalar que la lectura y escritura son procesos que deben enseñarse de forma integrada, simultánea y complementaria, generando conciencia respecto de la importancia de comunicarse a través del uso y manejo del lenguaje escrito.


