Próximo líder chino es una mezcla de príncipe y obrero
Por un lado es un “príncipe”, ya que parte de su poder es heredado, y por otra, conoció el trabajo duro en la China profunda.
Ambos ingredientes en el curriculum vitae del actual vicepresidente Xi Jinping le otorgan las credenciales que necesita para tomar las riendas del Partido en unos meses y después suceder al actual presidente, Hu Jintao, el año próximo.
En las últimas semanas se ha mostrado internacionalmente. De hecho, el martes se entrevistó con el presidente de EE.UU., Barack Obama y varios altos funcionarios de su gobierno en Washington.
“La cobertura mediática de la visita de Xi atraerá la atención de millones” en los EE.UU., decía un editorial del periódico oficial Daily China, que ha creado una página especial para la cobertura de la gira que durará hasta el 17 de febrero. Según el diario, la presencia de Xi “ayudará a que el público de Estados Unidos entienda a China”.
En su país Xi es visto como un “príncipe”. Término que se utiliza para altas autoridades de quienes se piensa que deben al menos algo de su éxito a sus familiares. De hecho, el vicepresidente es hijo del veterano revolucionario Xi Zhongxun, uno de los padres fundadores del Partido Comunista de China.
No obstante, existe cierta controversia sobre la vida política del padre de Xi, quien durante la revolución Cultural fue destituido de los diferentes cargos políticos que ocupaba y enviado a prisión por el entonces líder chino Mao Tse Tung. Con su padre en la cárcel el joven Xi fue enviado a trabajar al campo como muchos otros de su edad en aquella época.
Luego estudió ingeniería química en la Universidad de Pekín, de la que salieron otros líderes chinos, como el actual presidente.
En 1974 se unió al Partido Comunista y fue ganado peso hasta llegar a ser secretario en la provincia de Hebei en 1982. En 1995 se mudó a la provincia de Fujian de la que se hizo gobernador en 2000.
También es visto como alguien con tolerancia cero hacia los corruptos, aunque en dos oportunidades debió ocuparse personalmente de esclarecer hechos escandalosos. Eso lo catapultó al cargo de jefe del partido en Shangai en 2007, donde su antecesor fue echado en medio de acusaciones de corrupción. Poco después fue promovido al Comité permanente del Partido, y un año después se convirtió en vicepresidente.
Trabajó duro para atraer inversiones extranjeras a las provincias de Zheijang y Fujian y es considerado como una figura que fomenta los negocios. En 2005, cuando Xi era secretario del Partido en la provincia de Zheijang declaró a la prensa que “el gobierno debía ser un gobierno limitado”. También se mostró favorable a que cuando haya asuntos que el gobierno sea incapaz de manejar se le devuelva el poder a la gente para remediarlo.
A pesar que el mundo occidental tiene poco conocimiento de Xi Jinping, los estadounidenses al menos no son extraños para él. En 1985 pasó un tiempo con una familia del pueblo de Muscaline, en el estado de Iowa, donde estudió técnicas para la crianza de cerdos.
En 2010 el sitio WikiLeaks divulgó algunos datos personales de Xi. Al publicar algunos cables diplomáticos dio a conocer que el vicepresidente chino era un fan de las películas bélicas estadounidenses.
También es famoso por su célebre esposa, la cantante Peng Liyuan, quien describe a su marido como trabajador y con los pies en la Tierra. “Cuando llega a casa, nunca pienso en él como que hay un líder en la casa. A mis ojos, él es sólo mi marido”, según es citada en un informe de la agencia Reuters.
Xi tiene una hija llamada Xi Mingze, quien según lo publicado está estudiando en Harvard. Otra importante conexión estadounidense que puede exhibir el alto funcionario chino.
Durante una visita a México, en 2009, dio muestra de su estilo directo para referirse al creciente poder de China. “Algunos extranjeros con las panzas llenas y nada mejor que hacer, se ponen a señalarnos con el dedo”, dijo y agregó: “Primero, China no exporta revolución; segundo no exporta hambre y pobreza; y tercero, no se mete con ustedes. Entonces, ¿qué más hay que decir?”.
Otros comentarios, también contribuyeron a la imagen de duro de Xi, quien se caracteriza por exigir sinceridad a las autoridades del Partido.
El pasado julio, prometió “hacer pedazos” cualquier intento de desestabilizar el Tibet y luchar contra “actividades separatistas” relacionadas con el Dalai Lama.
“Es un líder que confía en sí mismo”, dijo Stephen Orlins, presidente del Comité Nacional de Relaciones entre EE.UU. y China. “En China, viniendo de ese origen, tiendes a tener mayor confianza y eso se muestra al tratar con extranjeros, así como con chinos” explicó Orlins a la agencia Reuters.
Fuentes: BBC, Reuters, CNN


