El prisionero político más antiguo de los Estados Unidos

Este 29 de mayo, el puertorriqueño Oscar López Rivera cumplirá 35 años tras las rejas de una cárcel de alta seguridad estadounidense por “conspiración sediciosa”, sin cesar en su lucha por la independencia de su país.

Imagen de Radio U. de Chile
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17 de Mayo, 2016 23:05

Oscar López Rivera empezó a pintar apenas se dio cuenta de que estaba perdiendo el sentido de las colores, durante los doce años que pasó en aislamiento total en prisiones de alta seguridad en Illinois y Colorado en los Estados Unidos. Así empezó a dibujar y poco a poco pudo obtener lápices de varios colores, a pesar de ser víctima de acciones intimidantes de acoso que incluyeron la confiscación de sus materiales. Eso fue un ejemplo, probablemente el más mínimo, de la serie de torturas que sufrió.

Hace 35 años que Óscar López Rivera está encarcelado por su rol en las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), un grupo marxista-leninista clandestino que luchaba por la independencia puertorriqueña y por establecer un poder comunista en la isla. Entre los años 1974 y 1983, el grupo paramilitar organizó 120 atentados en los EE.UU., principalmente en Chicago y Nueva York, dejando seis muertos y decenas de heridos.

Oscar López Rivera fue arrestado por casualidad en el año 1981 en los suburbios de Chicago después de una infracción de tráfico. Había estado en la lista de las personas más buscadas por el FBI desde el año 1976. Varios compañeros de lucha habían sido arrestados un año antes y, como ellos, López Rivera fue inculpado por “conspiración sediciosa” y condenado a 55 años de encarcelamiento.

Después de su arresto, rechazó colaborar con la justicia de los EE.UU.: consideraba que bajo las leyes internacionales, la ocupación colonial de Puerto Rico era un crimen en contra de la humanidad. En este marco, no podía ser juzgado como criminal bajo las leyes estadounidenses, por lo que pidió un tribunal internacional e independiente, explicó su abogada Jan Susler en un artículo publicado en la página web de People’s Law Office.

En 1987 fue condenado a otros 15 años por tratar de escapar, “una conspiración concebida y realizada por agentes del gobierno e incitadores”, afirma su abogada en su artículo. Esto elevó su condena a 70 años.

Jan Susler analizó las sentencias de su cliente, concluyendo que su condena fue explícitamente política y mucho más alta que, por ejemplo, otras por homicidio: en 1981, cuando López Rivera fue juzgado, las condenas por homicidio eran de 10.3 años en promedio. Por intentar escapar, López Rivera recibió una condena ocho veces más larga.

Así empezaron años de tratamientos duros y desproporcionados. Pasó doce años en aislamiento total, con privación sensorial y del sueño, estrategias que han sido consideradas como tortura bajo leyes internacionales. Asesores especiales de Naciones Unidas sobre tortura, y también organizaciones de defensa de derechos humanos, han apuntado sus críticas particularmente al uso del aislamiento en las cárceles estadounidenses.

“Durante doce años no tuvo contacto físico con alguien que no fuera un guardia penal. Cuando nació su nieta, no pudo abrazarla. Ella tenía siete años cuando él pudo abrazarla”, contó Jan Susler en entrevista con Diario UChile.

En una carta a su nieta Karina, publicada por el diario puertorriqueño El Nuevo Díael 7 de septiembre 2013, López Rivera recuerda el día del encuentro: “Mi hija y mi sobrina me abrazaron. Tú [su nieta, Karina], en cambio, te paraste frente a mí, levantaste tus manos y las pegaste contra un cristal imaginario, esperando que yo hiciera lo mismo. A tu corta edad, después de tantos años de soportar esa barrera, pensaste que debíamos continuar el juego. Tu madre te dijo: «Ahora puedes tocar a tu abuelo», y tú corriste a abrazarme, nos tocamos por primera vez”.

“El tratamiento de Óscar ha siempre sido en una fila de tratar de quebrarlo, de tratar de romper su espíritu político y su salud mental”, explicó su abogada.

Pintar y dibujar fueron unas de las pasiones que desarrolló López Rivera para compensar su aislamiento y ahora regala sus pinturas – retratos de los hijos de sus amigos, escenas pastorales o animales -, aunque todavía no es autorizado a utilizar pintura con aceite por los productos que se utilizan para mezclar los pigmentos, a diferencia de otros prisioneros que sí gozan de ese derecho.

Movilización y esperanza

“Óscar es un símbolo de resistencia, de lucha y de unidad”, resumió Alida Millán, periodista en el diario puertorriqueño Claridad y fundadora del grupo “35 mujeres por Óscar”, cuyas participantes se reúnen los últimos domingos de cada mes en el puente Dos Hermanos en San Juan.

“Es un símbolo de resistencia patria, porque Óscar está encarcelado por luchar por la independencia de Puerto Rico”, añadió.

El año 1999, el expresidente Bill Clinton ofreció la libertad condicional a trece de los quince presos políticos puertorriqueños que estaban encarcelados en los EE.UU. Eso significa que después de 10 años más de encarcelamiento, manteniendo un buen comportamiento, López Rivera podría ser liberado. Él rechazó la proposición.

“No me arrepiento de no haber aceptado. Mi experiencia había sido fatal los primeros 18 años en la cárcel y pensaba que sería imposible salir con buen comportamiento después de todo lo que me habían hecho”, contó López en una entrevista con BBC Mundo. “Además éramos quince solicitando la clemencia, pero sólo trece recibimos la oferta y yo nunca he dejado atrás a nadie, ni en (la guerra de) Vietnam, ni en mi comunidad”, agregó.

En ese momento la mayoría del Congreso estadounidense estaba en contra de su liberación, así como también los familiares de las víctimas del FALN, en particular Joseph Connor, cuyo padre murió en el atentado de Fraunces Tavern en Nueva York en 1975.

En la actualidad, existe un importante movimiento de apoyo internacional para la excarcelación de López Rivera; entre ellos varios ganadores del premio Nobel de la Paz como Desmond Tutu, el expresidente Jimmy Carter, los obispos católicos y metodistas en Puerto Rico, el colegio de abogados hispánicos en los EE.UU. y diversos sindicatos estadounidenses.

“La única voz en contra que hemos escuchado es la voz del FBI. Y eso es algo que ya sabemos, que el FBI siempre tiene esa política en contra de la independencia de Puerto Rico y a favor de la criminalización de la abogacía del independentismo. Eso es nada de sorpresa”, analizó la abogada Susler.

Pero tal vez lo más importante es la unión de la comunidad puertorriqueña, en Puerto Rico y en la diáspora, por la causa de Óscar.  Para Alida Millán, son dos luchas las que han unificado a los puertorriqueños recientemente: la primera en 2001, para sacar a la marina estadounidense de la ciudad de Vieques y, desde el año 2009, la causa de López Rivera.

“Si algo ha logrado unir a los puertorriqueños, no importa la ideología, no importa el partido, es la lucha por la excarcelación de Óscar”, afirma.

Rita Zengotita, directora del Comité de Derechos Humanos en San Juan, detalla el apoyo transversal a la lucha de López Rivera: “aquí en Puerto Rico todos los sectores, incluso los partidos políticos contrarios ideológicamente a la posición de Óscar, los sectores más conservadores y todos los grupos de derechos humanos, de artistas, de ambientalistas, los grupos de mujeres, los sindicalistas… hay una posición unánime”.

Pasó bastante tiempo para que su causa llegara hasta la isla: López Rivera se mudó con su familia a Chicago cuando tenía 14 años y la mayor parte de su lucha se dio ahí. “La gente no lo identificaba, ni los viejos, ni los jóvenes, no podían identificar a Óscar con una cara”, agregó Alida Millán, explicando que López Rivera se convirtió en un símbolo político tan solo hace seis o siete años debido a la publicación de las cartas a su nieta y el trabajo de artistas plásticos y musicales que empezaron a difundir su causa. Ahora, la cara de Óscar está en muchos murales y pinturas en San Juan, gracias a artistas como el grupo Los Plásticos o el pintor Rafael Trelles.

En 2009, los otros dos prisioneros del FALN en EE.UU. fueron liberados, convirtiendo a López Rivera en el único prisionero político puertorriqueño en una cárcel estadounidense. El mismo año se realizó una marcha por la isla que juntó a 150 mil personas – una cifra importante en una isla poblada por 3.2 millones.

Ahora, se espera obtener una autorización de excarcelación de parte del presidente Barack Obama.

“Bajo la Constitución de los EE.UU., el presidente tiene pleno poder, no tiene que consultar con nadie, no depende de recomendación de nadie. Si él quiere firmar mañana, puede firmar”, explicó la abogada Jan Susler.

En los Estados Unidos, 40 miembros de la comunidad puertorriqueña y funcionarios del gobierno se decidieron hace pocas semanas a recoger firmas en una carta para el presidente Obama. Esas personas incluyen a Melissa Mark, consejera municipal de Nueva York y el representante de Puerto Rico en el Congreso de los Estados Unidos Luis Gutiérrez, entre otros.

El avance de la petición de excarcelación presentado por la abogada de López Rivera es incierto, porque ni la Casa Blanca ni el ministerio de Justicia han comunicado sobre el tema. Pero, según cuenta Jan Susler, Lin-Manuel Miranda, reciente ganador del premio Pulitzer por escribir y dirigir una obra musical muy popular en los Estados Unidos de la cual el presidente Obama es muy fanático, le preguntó sobre el tema. “Mientras Lin-Manuel Miranda estuvo en la Casa Blanca, habló con el presidente del caso de Óscar. Le dice el presidente que la solicitud está sobre su escritorio. Eso es lo último que sabemos”, confió Susler.

A pocos meses de las elecciones estadounidenses, la decisión que tomará Obama será muy política. Más de la mitad de la población puertorriqueña ahora vive y vota en los EE.UU. Una gran parte de la comunidad está ubicada en Florida, un estado cuyo voto sigue cambiando de lado con cada elección y que es clave para ganar los comicios generales. En este marco, la excarcelación de Óscar López Rivera no solo sería una buena noticia para él, sino que también para el partido demócrata.

El 29 de mayo, día del aniversario de encarcelamiento de López Rivera, marchas y manifestaciones están organizadas en Puerto Rico y los EE.UU. Rita Zengotita mencionó una campaña para difundir la causa en las redes sociales, pidiendo a grupos extranjeros de apoyo que suban videos a Facebook para pedir la excarcelación de López Rivera al presidente Obama.

El 20 de junio se realizará una audiencia en la ONU frente al comité de descolonización para el caso de Puerto Rico. Se ha decidido que ese mismo día será el día de solidaridad con López Rivera.

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