Chao Jefe: La nueva forma de transformarse en héroe #Matte
Ahora, parece que la nueva forma de hacer las cosas, es renunciando, dando un paso al lado y dejando que el barco se hunda. ¿Y dónde quedan las responsabilidades?
Los escenarios en torno a la renuncia de Magdalena Matte son contradictorios. En un país en que los políticos son claramente detestados por la ciudadanía, donde los partidos gozan de vergonzosos índices de confianza y donde los ciudadanos claramente han optado por participar lejos de las estructuras turbias que encarnan el estado y sus satélites; hablar de gestas heroicas suena absurdo y casi incomodo.
El problema nace cuando las fuerzas políticas muestran todo su arsenal para transformar la imagen de alguien en un santo, en un héroe moderno que gracias a sus características éticas y perfil público, enaltecen por medio de su comportamiento “de hacerse el leso”, al estado y casi a punta de arcadas, a la convenientemente hoy proba Republica de Chile. Muchos están conmovidos por que la ex ministra asumió responsabilidades políticas, porque actuó con ética y por tener un comportamiento ejemplar. Mientras por otro lado los oportunistas de oposición toman palco para escupirle en la cara. Así de lejos estamos de ser correctos, vivimos en un país donde el que no roba es héroe.
La ex Ministra no robó, sino que fue cómplice y testigo de prácticas poco transparentes y deshonestas que llevaron a que otros se enriquecieran a costas del Estado. Es más, tomó decisiones de alta importancia y en dudosos tiempos récord. Esto decanta en que ella es la responsable de una cadena de errores que en todo ámbito, incluyendo en la política, son y deben ser imperdonables. Las velocidades en las que sucedieron los últimos hitos del caso Kodama fueron admirables. Luego que la demanda inicial fuera presentada por $7.000 millones, el director del Serviu descubre que el monto a pagar es ahora $17.000 millones. Lo que ocurre en este período es lo cuestionable. La situación se agrava cuando la Ministra en solo días se convence, para terminar rápidamente con el problema, de que estos montos deben ser pagados como indemnización a la empresa Kodama. Decisiones claramente reprochables.
Ahora, parece que la nueva forma de hacer las cosas, es renunciando, dando un paso al lado y dejando que el barco se hunda. ¿Y dónde quedan las responsabilidades?
El diseño del gobierno se está cayendo a pedazos, casi de manera tan artística y leprosa como se desmorona la oposición. Vivimos en un país donde parece que nada resulta, donde administrar el elefante del Estado se hace tan difícil, que todo soldado que decida enfrentarle y por no decir menos, controlarle, cae al suelo rendido, humillado y desgastado para luego ser digno de una estatua. Que esto ocurra en el Ministerio de Vivienda no es menor. Este es un ministerio desde donde la reconstrucción se ha llevado adelante de manera precaria, injusta y lejos de la ciudadanía, abriendo espacios para que existan irregularidades por la falta de rigurosidad y atención a los detalles. Pero dejemos algo claro, pretender que la reconstrucción la lleve un solo ministerio, parte de un estadio arcaico y poco capaz, es una tremenda inocencia y una forma de alimentar a un monstruo con nuevas víctimas. Por esto, la reconstrucción se ha transformado en tierra de nadie, donde hasta parlamentarios levantan organizaciones de vecinos a quienes ellos mismos les ofrecen sus propias constructoras y se hacen ricos. Donde mentir, como lo hizo Jacqueline Van Rysselberghe, es un medio que justifica un fin.
Con estas costumbres ya instauradas en esta nueva forma de gobernar, el Gobierno se está perdiendo la oportunidad de hacer los cambios que Chile necesita y alimenta prácticas que facilitan evadir responsabilidades. Se acerca cada día a más a la manera en que la Concertación gobernó Chile en los últimos años.
Vemos hoy como políticas fallidas como el Transantiago y la inocencia que nos lleva a pensar que la reconstrucción de Chile se puede llevar adelante con nuestras limitadas instituciones siguen cobrando víctimas. Pero mientras unos aplauden y otros lloran, la gente sigue sin sus casas. ¡Chao Jefe! Mejor nos evitamos un dolor de cabeza.
Eduardo Vergara B.
Director, Asuntos del Sur
www.asuntosdelsur.org

