El autoexilio educativo. El exilio chileno en el nuevo siglo.
Escribe: Profesor Ilich Silva Peña, Doctor en Ciencias de la Educación.
Quienes crecimos en dictadura conocemos la palabra exilio porque convivimos en nuestra infanci con ella. De los efectos que causó la dictadura en las personas, el exilio es uno de los fenómenos menos estudiado. Se desarrolló de diversas maneras. Hubo personas expulsadas del país, a quienes no se les permitió ingresar u otras que buscaron refugio a través de la protección que se brindó en muchos países. Se buscaba protección en lo físico, político o económico. Argentina fue uno de los países que acogió a la mayor cantidad de nuestros compatriotas y familiares. También Suecia fue emblemática, un país conocido por su acogida a la comunidad chilena. Así en todo el orbe se fueron instalando compatriotas en los años 80. Muchas familias han retornado al país y otras se reexiliaron al no encontrar cabida en el nuevo Chile. El exilio fue político, pero también económico. Muchas personas se fueron en busca de mejores oportunidades, escapando de las dificultades que había para progresar personal y profesionalmente.
Hoy asistimos a un nuevo tipo de exilio, el exilio educativo. Si hubiese que clasificarlo lo podemos entender dentro del autoexilio. La antropóloga Loreto Rebolledo en su libro memorias del desarraigo señala que “el autoexilio tiene como objetivo – además de dar seguridad al que escapa – dejar la puerta abierta para el regreso, ya que los asilados no podían hacerlo”. En este caso hablamos de un autoexilio educativo, buscando la seguridad de encontrar educación de calidad a un menor costo. Siempre presente la opción de volver y volver en mejores condiciones que si te quedaras en tu propio país.
No es casual que una de las manifestaciones del movimiento estudiantil fue pedir asilo en las embajadas de Finlandia, México, Uruguay y Argentina “países donde efectivamente la educación es gratuita o muy cercana a ello…porque acá en Chile no se respeta un derecho que está en un pacto internacional de los derechos económicos y sociales, en el artículo 13 en particular, donde se dice que la educación es un derecho de toda persona y que la educación superior en particular se debiese caminar progresivamente a un sistema de enseñanza gratuita” señaló Giorgio Jackson en la oportunidad.
Aunque son pocas las familias que tienen esa opción todavía, es una idea que se está ejecutando. Al ser cada vez más cara la educación en Chile surge como una opción. No estamos hablando de los hijos o hijas de familias adineradas que envían a sus hijos a estudiar a Londres o Estados Unidos luego de egresar del Nido de Águilas o el Grange. Estamos hablando de familias de clase media que tienen la opción de que un familiar reciba a su hijo(a) o que simplemente se endeudan en Chile para pagar en otro país. Si consideramos que en otros países latinoamericanos es gratis la educación y que en algunas oportunidades hay posibilidades de encontrar una beca de alojamiento o alimentación, resulta mucho más conveniente estudiar en otro país. No hay muchos datos acerca de este fenómeno. Claramente no es algo masivo, pero que puede ir creciendo. No hay claridad de cuántos son los jóvenes que hoy en día salen del país para buscar nuevas perspectivas de estudios, pero no es difícil encontrar un caso.
El promedio de una carrera universitaria en Chile está entre los 200 y 300 mil pesos a lo que hay que agregar gastos en libros o fotocopias, materiales, alimentación, etc. Si pensamos en alguien de una ciudad en donde no exista universidad se agrega la obligación de arrendar una habitación o una pensión. El total depende mucho de los ingresos de la familia, pero lo cierto es que existe una apuesta al futuro de los hijos e hijas. Es el legado que padres y madres quieren dejar por lo tanto apostarán a aquello. Por otra parte aparece la posibilidad de estudiar en el extranjero gratuitamente. Las universidades ganan al incorporar extranjeros, ganan en abrirse a una visión internacional, en reflejar el mundo que se vive hoy en día, un mundo conectado, un mundo con comunicaciones directas entre países, con redes sociales cada vez más extensas. Las universidades acogen estudiantes extranjeros porque mejoran la vida universitaria.
Son los nuevos exiliados, los exiliados de la educación, quienes hoy buscan la oportunidad de conseguir una educación de calidad para poder mejorar en sus vidas, tener un mejor futuro. El nuevo exilio es un tema del que no se habla, porque quizás es bueno que las personas tengan nuevas perspectivas, que conozcan otras culturas, que se involucren en un ambiente internacional global. Sin embargo las condiciones que llevan a tomar esas opciones no han sido precisamente las del intercambio, sino que básicamente es que hoy nuestro país no tiene un modelo de financiamiento de la educación que permita que esos estudiantes se queden. Para nadie es fácil dejar la tierra en que nace, menos aún si es obligado a hacerlo. Esta obligación puede ser directa o indirecta. En este caso surge de la necesidad de buscar estas nuevas perspectivas. El autoexilio educativo no es un problema masivo, pero muestra parte del problema educativo de nuestro país: Es tan cara la Educación Superior en Chile que para algunas familias surge como opción la de estudiar en el extranjero, en países donde hay educación de calidad y gratuita.


