Fútbol chileno: De la alegría a la vergüenza

El año futbolístico que termina quedará marcado por eventos disímiles. Primero el título de la Copa América que nos enorgulleció a todos los chilenos y dos hechos que nos llenan de vergüenza: la escandalosa salida de Sergio Jadue y el bochornoso final del campeonato local.

Imagen de Radio U. de Chile
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14 de Diciembre, 2015 23:12

En julio, la selección chilena obtuvo su primer título internacional, mostrando un equipo sólido y bien trabajado por Jorge Sampaoli. Disfrutamos de una generación muy valiosa que ha logrado una madurez individual y colectiva admirable y que han puesto en alto el nombre de todo el país. En la cancha pudimos admirar como superaron a todos sus contrincantes con convicción y ganaron merecidamente el torneo realizado en nuestro país. Se abrían así grandes expectativas para el futuro y creíamos que marchábamos por buen camino. Además el contar con un plantel de primer nivel y un cuerpo técnico muy capacitado permitían ocultar los baches del torneo local y los rumores sobre malos manejos administrativos Pero fuera del campo de juego, ya comenzaban a caer los primeros investigados por el escándalo FIFA y cruzábamos los dedos esperando que nuestras autoridades no tuvieran nada que ver con esos reprochables actos.

Sergio Jadue llegó a la presidencia por un conflicto particular muy conocido y sin tener ningún mérito para alcanzar el cargo. Además, para lograrlo traicionó su palabra y su voto comprometido, del mismo modo que hoy actúa de soplón para delatar a sus compinches en los Estados Unidos. Nada nuevo hay detrás de su reprochable actitud y en nada sorprende su turbio proceder. Todos los antecedentes así lo indicaban aunque se empeñaran en vendernos otra cosa. Lo que si extraña es la falta de autocrítica y responsabilidad por parte de quienes escogieron y sostuvieron a Sergio Jadue al mando del organismo. Hoy los mismos clubes que dieron su voto al calerano lanzan piedras y las emprenden contra el directorio tratando de salvar su responsabilidad. Memoria corta la de los dirigentes, pero ojalá no lo sea también la de la justicia y los hinchas.

En la ANFP algunos dicen que Jadue les mintió, mantuvo información oculta y que logró hacerles creer que durante los cinco años de su gestión las cosas eran transparentes. Entonces lo lógico es que quienes fueron “engañados” debieran dejar sus cargos por incompetentes pues no se puede permitir, dado el valor de la empresa, los montos comprometidos y el interés público, que se hayan dejado pasar hechos tan corruptos. Quizá muchos de los presidentes de clubes están acostumbrados a esta forma de proceder y por ello no les parece tan grave. Sin embargo para el resto y para todos aquellos a los que nos importa el deporte y en particular el fútbol, lo que han hecho en los últimos años atenta contra las buenas costumbres, la ética deportiva y por supuesto contra la legalidad vigente. Deben ser sancionados todos los responsables y salir de sus cargos aquellos que apoyaron y se beneficiaron del directorio del hoy procesado ex presidente.

Así las elecciones de enero conformarán un nuevo directorio que será fundamental para ordenar las finanzas, garantizar el programa de trabajo de la selección nacional y su cuerpo técnico, limpiar y decidir el futuro del CDF y garantizar los recursos para mejorar el campeonato nacional y el desarrollo del fútbol chileno. Un obstáculo que aparece insalvable es que para ser candidato a presidir la ANFP se debe haber sido dirigente de algún club afiliado. Hoy los clubes profesionales son empresas privadas y, por ende, son sólo los empresarios ligados a esos grupos económicos los que pueden aspirar a ese cargo de gran interés nacional. Incluso algo que resulta alarmante es que la Federación de fútbol de Chile también se encuentra en manos de los mismos mecanismos excluyentes y que todavía compartan administración. La separación de ambos cargos es fundamental porque como están las cosas, la Selección Nacional se convierte en un producto manejado exclusivamente por la ANFP y ya son bien conocidas sus prioridades.

Quizá haya algunos buenos dirigentes que quieran participar o pueda haber otras opciones que permitan saltarse a los oportunistas de siempre. La concesionaria que administra a la Universidad de Chile incluye en su directorio a personalidades nombradas por la casa de estudios. Quizá en estos haya quienes no persigan intereses económicos personales y que pueda velar por el correcto desarrollo de la actividad. Alguien interesado en el deporte y cuya carrera sea en verdad intachable. Hoy se necesita gente honesta y con mucha energía que esté profundamente interesada en el deporte y el bienestar del fútbol. Basta de improvisaciones y sectarismo ambicioso. En el deporte existen objetivos universales que deben ser la guía. Trabajar por mejorar el rendimiento cada día respetando a los rivales y el juego limpio. Esa es la única meta y para ello se debe trabajar fatigosamente en cada una de las áreas que conforman su práctica profesional. El enriquecimiento personal y la vanidad deben ser excluidas. En contra parte, la transparencia y la auditoría constante deben ser una regla para cualquier dirigente deportivo. Nunca más puede ponerse al fútbol completo en una posición tan incómoda sólo por beneficiar los bolsillos de unos pocos u ocultar los malos manejos de otros.

Finalmente el campeonato nacional terminó con mucha pena y poca gloria. Con un campeón sin copa y sin la celebración adecuada. El bajo nivel de juego, la poca competitividad, el alto costo de las entradas y la violencia han dejado vacíos los estadios. Además los oscuros manejos denunciados han develado que algunas sociedades anónimas carecen de capacidad administrativa y de probidad. Que a pesar de todo el dinero generado por el CDF aún hay deudas y condiciones laborales insuficientes, algunas canchas son malas, la seguridad es baja y el espectáculo se ha empobrecido. Lo que es aún peor es que persisten de forma solapada los apoyos a las barras bravas y el fútbol y sus dirigentes actúan de cómplices de esos grupos nefastos que tanto daño siguen haciendo. La suspensión del partido más importante del año es una clara muestra del fracaso institucional.

Sumado a ello, el programa de Estadio Seguro espanta por su falta de imaginación y capacidad para abordar el conflicto ¿Cómo es posible que después de veinte años la prohibición y la criminalización heredadas de la dictadura sean la única solución para un país que se dice democrático y libre? La mano dura que tantos han pedido, después de los bochornosos eventos en Valparaíso, no resuelve nada. La violencia no es sólo del fútbol, también está en cada evento masivo, en las marchas, en los conciertos, en las fiestas, en los partidos de barrio. No entendemos de qué forma se podría endurecer aún más el accionar de Carabineros ¿Cómo un mayor incremento de la furia policial va a controlar el creciente descontento y la inconformidad de tantos? La violencia sugiere un problema mayor y urge una solución definitiva.

Tal vez la vulgarización popular, la desvergüenza y egoísmo de los poderosos, la corrupción de los políticos y la descomposición del tejido social convocan una creatividad superior a la lógica de la represión. Los valores cívicos se han olvidado y ya nadie respeta lo público o común porque todo es privado (el fútbol también le pertenece a unos pocos). Para torcer la suerte actual se requiere tiempo, más educación y trabajo no de palos y cárceles. Resulta fundamental lograr que la gente respete y se sienta parte de los procesos y las instituciones que le dan vida a un país. Que el fútbol sirva de ejemplo: acá ya reprimieron y prohibieron la música, las banderas, los lienzos, los papeles y la alegría. No consiguieron nada ¿Cuál será el siguiente paso?

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