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De Jornalero y Mecánico a Neurocirujano de Harvard

Me pareció tan motivadora, estimulante, constructiva y positiva esta experiencia que me me atrevo  a recomendárselas a ustedes.

Sábado 18 de agosto de 2007

Ex inmigrante ilegal mexicano relató su historia en "New England Journal of Medicine":
Médico cuenta cómo pasó de temporero y soldador a neurocirujano de Harvard

Paula Leighton N.
    
Nieto de una curandera que "sanaba con hierbas, atendía los partos del pueblo y era respetada por su comunidad", el doctor Alfredo Quiñones tomó el camino de la medicina pese a toda la adversidad que enfrentó.
     
Apoyo, intelecto y empeño son los ingredientes que cambiaron el destino del doctor Alfredo Quiñones Hinojosa.

A los cinco años trabajaba en la bencinería de su padre. A los 19 saltó ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos. A los 20 trabajaba de sol a sol cosechando verduras.

Hoy, a los 39 años, el doctor Alfredo Quiñones Hinojosa es un destacado neurocirujano e investigador de la Escuela de Medicina de Johns Hopkins, en Baltimore. Hasta ahí llegó luego de obtener su bachillerato en la Universidad de California en Berkeley y de titularse con honores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.

Del campo al quirófano

En los últimos meses, el doctor Quiñones saltó del anonimato de su quirófano a dar entrevistas en cadenas de radio y canales de televisión de Estados Unidos.

La semana pasada, la revista "New England Journal of Medicine" publicó el relato que él mismo escribió contando cómo pasó de temporero agrícola a neurocirujano.

"Después del 11/09 hay tanta controversia en contra de los inmigrantes, que ha habido una necesidad de destacar a personas que hayan salido adelante, con esfuerzo, porque la mayoría venimos de familias muy pobres y humildes", dice el médico a 'El Mercurio', desde Baltimore, donde trabaja y vive con su mujer y sus tres hijos.

Quiñones entró a Estados Unidos en 1986, saltando una cerca en la ciudad fronteriza de Calexico. Tenía sólo US$ 65 en el bolsillo y no hablaba inglés. Cayó al otro lado de la frontera empujado por la pobreza y las enfermedades. Su hermana había muerto de diarrea cuando él tenía tres años, y tras la crisis que golpeó a México en los 70, sus padres campesinos no pudieron sostener más a la familia. Aunque había estudiado para ser profesor, tampoco él lograba alimentar a los suyos.

Su primer trabajo fue desmalezando campos de algodón y cosechando hortalizas en el norte de California. Trabajaba 10 horas diarias de lunes a domingo. Como si fuera una sentencia, un día un primo le dijo que ése era el único destino para los inmigrantes mexicanos pobres.

"Decidí demostrarle que estaba equivocado". En pocos meses ascendió a conductor de tractores, encontró un trabajo como nochero y luego como soldador.

Entonces, tuvo el dinero suficiente para tomar clases nocturnas de inglés en un centro comunitario. De ahí, siguió imparable.

Cinco años después de cruzar la frontera, Quiñones entraba como estudiante de Psicología a la Universidad de California en Berkeley.

"No sé, la mera verdad, no tengo idea cómo llegué a esta universidad. Todos los días me pongo a pensar sobre eso, y qué me hace diferente de los que se vinieron el 86 u 87 y no sé", reflexiona con modestia.

Pero, en el fondo, sí lo sabe.

"Desde pequeñito tenía inquietud por salir adelante, el estudio y la lectura los devoraba con un apetito insaciable, y Dios me bendijo con un intelecto un poquillo más avanzado. Eso, más suerte, mucho apoyo, amigos y una personalidad que me hace llevarme bien con la gente... todo eso contribuyó", agrega.

Médico y tutor

Con becas, excelentes tutores y una pasión por las matemáticas y la ciencia, en Berkeley Quiñones se introdujo en la investigación en neurociencias. Al egresar con honores, uno de sus maestros lo convenció de postular a la Escuela de Medicina de Harvard. Durante los cinco años que estudió en esta institución se especializó en neurocirugía.

"Recuerdo la sensación de absoluto sobrecogimiento y humildad la primera vez que vi a los neurocirujanos cortar la dura madre y dejar expuesto un cerebro humano vivo, real y palpitante", escribe en NEJM. Entonces, estaba en tercer año.

Hoy, el doctor Quiñones atiende pacientes y es profesor de neurocirugía y oncología en la Escuela de Medicina de Johns Hopkins. Además, dirige el Laboratorio de células madre de tumor cerebral de esa institución, donde se siente el afortunado tutor de 17 alumnos.

Orgulloso de su recorrido, en su currículo, de 16 páginas, el detalle de su historia laboral se inicia con la frase: "Trabajador agrícola inmigrante 1987-1988".

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