Soltero a los cuarenta...
La soltería después de los treinta años es algo complicado en esta sociedad. Siempre se escuchan las típicas preguntas ¿cuándo traes una polola o pololo? o comentarios como se te va a ir el tren... Por José Gatica
Ser un soltero en estos días, y mayor de treinta, ha sido la interrogante que ha demandado mis caminatas reflexivas en estas tardes tibias de primavera.
Amigos lectores, los que estamos en este rango de edad nos encontramos sumergidos bajo el cuestionamiento de todos los que nos rodean, las preguntas como ¿y cuándo las argollas? O las bromas ¡cuidado se va la micro!, son recurrentes entre los amigos y familiares, ¡Pero! ¡Es precisamente, con la llegada de las flores, el canto de las golondrinas, y la tibieza del aire, que la preocupación y angustia de quienes nos quieren se exacerba, como si fuese un ciclo que con cada primavera llega “el síndrome del soltero treintón”
¿A quién no le ha pasado que algún compañero de trabajo invita a la prima, que vive en Valdivia a una reunión de planificación?, o cuando tus amigas llevan a la compañera de pieza, aquella mujer tímida que sólo pronunció dos sílabas en toda la noche, al saludar y despedirse, la verdad es que los intentos celestinos, más que propiciar una posible buena relación, generalmente se traducen en la incomodidad absoluta del carrete sabatino.
Ahora ¿qué sería si no estuviera el amigo soltero? ¿Quién alberga a Juan, Carlos, Pedro y a otros amigos y amigas de las dejadas fuera de la casa, de las peleas maritales y de las lágrimas… “amigo me separe”…
¿En qué departamento serían los retiros masculinos llenos de póquer y cacho? Esto me reafirma, en mi estado de soltería. Somos necesarios para el sistema. Siempre debe existir dentro del grupo de amigos y familiares un soltero.
Amigos de la opinión, quizás lo que acaban de leer carezca de contenido filosófico o seriedad social, más parece una broma majadera casi tozuda sin
Mayor virtud literaria, de quienes son solteros a los treinta, pero se trata de comentar sobre una realidad que a muchos nos atañe y que va en aumento.
Hoy los chilenos se casan más tarde, hoy las horas para el registro civil son menos que en la década de los noventa, hoy las relaciones espontáneas están en boga, hoy las separaciones y los casamientos por tercera y cuarta vez son recurrentes… hoy somos más individualistas.
Quisiera responder la pregunta que me hacen siempre mis amigos, al final de esta columna, quisiera responder con la sinceridad de las dudas y miedos que me embargan a mis tres décadas y algo más, y que creo que muchos comparten.
Y, ¿Cuándo?... ¡Cuándo la encuentre!
Amigos lectores, los que estamos en este rango de edad nos encontramos sumergidos bajo el cuestionamiento de todos los que nos rodean, las preguntas como ¿y cuándo las argollas? O las bromas ¡cuidado se va la micro!, son recurrentes entre los amigos y familiares, ¡Pero! ¡Es precisamente, con la llegada de las flores, el canto de las golondrinas, y la tibieza del aire, que la preocupación y angustia de quienes nos quieren se exacerba, como si fuese un ciclo que con cada primavera llega “el síndrome del soltero treintón”
¿A quién no le ha pasado que algún compañero de trabajo invita a la prima, que vive en Valdivia a una reunión de planificación?, o cuando tus amigas llevan a la compañera de pieza, aquella mujer tímida que sólo pronunció dos sílabas en toda la noche, al saludar y despedirse, la verdad es que los intentos celestinos, más que propiciar una posible buena relación, generalmente se traducen en la incomodidad absoluta del carrete sabatino.
Ahora ¿qué sería si no estuviera el amigo soltero? ¿Quién alberga a Juan, Carlos, Pedro y a otros amigos y amigas de las dejadas fuera de la casa, de las peleas maritales y de las lágrimas… “amigo me separe”…
¿En qué departamento serían los retiros masculinos llenos de póquer y cacho? Esto me reafirma, en mi estado de soltería. Somos necesarios para el sistema. Siempre debe existir dentro del grupo de amigos y familiares un soltero.
Amigos de la opinión, quizás lo que acaban de leer carezca de contenido filosófico o seriedad social, más parece una broma majadera casi tozuda sin
Mayor virtud literaria, de quienes son solteros a los treinta, pero se trata de comentar sobre una realidad que a muchos nos atañe y que va en aumento.
Hoy los chilenos se casan más tarde, hoy las horas para el registro civil son menos que en la década de los noventa, hoy las relaciones espontáneas están en boga, hoy las separaciones y los casamientos por tercera y cuarta vez son recurrentes… hoy somos más individualistas.
Quisiera responder la pregunta que me hacen siempre mis amigos, al final de esta columna, quisiera responder con la sinceridad de las dudas y miedos que me embargan a mis tres décadas y algo más, y que creo que muchos comparten.
Y, ¿Cuándo?... ¡Cuándo la encuentre!
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tan riquillas las Axilas de
tan riquillas las Axilas de Camiroaga siiiiiiiiiiiiiiiii....
El galan de Chile!!!!