La Nueva Concertación
En la actualidad la Concertación no tiene un sueño país y aunque la alianza tampoco lo tiene, es novedad y por eso está en el gobierno. Las ofertas de ambos son tan parecidas, que hoy es la derecha la que aumenta los impuestos y otorga bonos.
El momento en que Eduardo Frei admitía la derrota oficialista en las elecciones presidenciales recién pasadas, fue la materialización gráfica del final de una época. La conclusión de la exitosa carrera política de un grupo de grandes servidores públicos, que como muy pocos en el mundo, lograron convertir en realidad el país que soñaban. Y es que la obviedad de lo anterior resulta innegable cuando leemos el nombre del conglomerado “Concertación de partidos por la democracia”, es decir, un conjunto de partidos políticos que luchan por la democracia, y que además, lograron dicha meta, pues si bien, en su estado actual la democracia chilena es perfectible, nadie lograría concebir al país sin esta institución.
En la actualidad la Concertación no tiene un sueño país y aunque la alianza tampoco lo tiene, es novedad y por eso está en el gobierno. Las ofertas de ambos son tan parecidas, que hoy es la derecha la que aumenta los impuestos y otorga bonos. Entonces, ¿cómo diferenciarse?, ¿qué proponer? o ¿con qué empezar a soñar? Éstas parecían ser las preguntas que buscaban responder los más ingenuos en el cónclave de la concertación.
Cónclave viene del latín y significa “con llave”, por eso, la no inclusión de quienes no pertenecen al conglomerado era prudente, de hecho era hasta una buena oportunidad para hablar sobre ellos y analizar su posible reinclusión en futuros debates de la colectividad. Pero, reenfocar el encuentro en la reconstrucción, vetando de paso la autocrítica por la derrota fue un error, aunque, claro, cómo no iba a pasar eso si quienes organizaban el asunto tenían buena parte de culpa en el fracaso, sería ilógico exponerse así. De todos modos, un encuentro que contenga cuatro ex-presidentes debe contener conclusiones importantes. Todos los ex-presidentes, algunos más duros que otros, expresaron críticas al actual mandatario y a su forma de gobernar, luego, la clave para volver a gobernar parece estar ahí. Una nueva forma de gobernar -aunque es una forma de actuar usual en la derecha- no tomó fuerza entre los chilenos, de no ser, por la desgastada forma de gobernar que tenía la concertación, entonces ¿no hay una nueva épica por la cual luchar? ¿El retorno a la moneda se encuentra en los errores del actual gobierno?
Parece verdad, no hay una nueva lucha épica. Tal como lo dijo Lagos una vez, las instituciones funcionan y por eso, hasta el momento, a nadie se le pasa por la cabeza plantear una revolución, tampoco hay una gran diferencia entre los políticos, todos renunciarían a varias comas de sus programas por más votos y una vez electos, todos coinciden en decir que son presidentes de todos los chilenos, por ende, el retorno de la Concertación a la Moneda se encuentra en detalles pequeños, en líderes nuevos con diferentes estilos y en nuevas ideas y formas que reencanten a los también nuevos ciudadanos que han nacido en el país y cada vez tienen menos prejuicios con respecto al pasado.
Sin embargo, mientras que la Concertación busca todas esas cualidades que propician su retorno al gobierno, debe tener claro que una democracia no puede sobrevivir sin oposición. Y el reto político de ésta no es sólo fiscalizar, sino también, aportar con ideas. Un mal gobierno, que no logre solucionar los problemas que aquejan al país, revela además, de sus propias ineptitudes, la existencia de una mala oposición y lamentablemente quienes más sufren esto son las personas comunes y corrientes.
En la actualidad la Concertación no tiene un sueño país y aunque la alianza tampoco lo tiene, es novedad y por eso está en el gobierno. Las ofertas de ambos son tan parecidas, que hoy es la derecha la que aumenta los impuestos y otorga bonos. Entonces, ¿cómo diferenciarse?, ¿qué proponer? o ¿con qué empezar a soñar? Éstas parecían ser las preguntas que buscaban responder los más ingenuos en el cónclave de la concertación.
Cónclave viene del latín y significa “con llave”, por eso, la no inclusión de quienes no pertenecen al conglomerado era prudente, de hecho era hasta una buena oportunidad para hablar sobre ellos y analizar su posible reinclusión en futuros debates de la colectividad. Pero, reenfocar el encuentro en la reconstrucción, vetando de paso la autocrítica por la derrota fue un error, aunque, claro, cómo no iba a pasar eso si quienes organizaban el asunto tenían buena parte de culpa en el fracaso, sería ilógico exponerse así. De todos modos, un encuentro que contenga cuatro ex-presidentes debe contener conclusiones importantes. Todos los ex-presidentes, algunos más duros que otros, expresaron críticas al actual mandatario y a su forma de gobernar, luego, la clave para volver a gobernar parece estar ahí. Una nueva forma de gobernar -aunque es una forma de actuar usual en la derecha- no tomó fuerza entre los chilenos, de no ser, por la desgastada forma de gobernar que tenía la concertación, entonces ¿no hay una nueva épica por la cual luchar? ¿El retorno a la moneda se encuentra en los errores del actual gobierno?
Parece verdad, no hay una nueva lucha épica. Tal como lo dijo Lagos una vez, las instituciones funcionan y por eso, hasta el momento, a nadie se le pasa por la cabeza plantear una revolución, tampoco hay una gran diferencia entre los políticos, todos renunciarían a varias comas de sus programas por más votos y una vez electos, todos coinciden en decir que son presidentes de todos los chilenos, por ende, el retorno de la Concertación a la Moneda se encuentra en detalles pequeños, en líderes nuevos con diferentes estilos y en nuevas ideas y formas que reencanten a los también nuevos ciudadanos que han nacido en el país y cada vez tienen menos prejuicios con respecto al pasado.
Sin embargo, mientras que la Concertación busca todas esas cualidades que propician su retorno al gobierno, debe tener claro que una democracia no puede sobrevivir sin oposición. Y el reto político de ésta no es sólo fiscalizar, sino también, aportar con ideas. Un mal gobierno, que no logre solucionar los problemas que aquejan al país, revela además, de sus propias ineptitudes, la existencia de una mala oposición y lamentablemente quienes más sufren esto son las personas comunes y corrientes.
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