Bono Marzo 2010...¿Beneficio o dolor de cabeza?
Lo bueno, lo malo y la forma eficiente en que se debería haber formulado el proyecto, frente al nuevo escenario de catástrofe. Por Ricardo Rivano
El 28 de agosto del 2009, sólo cinco días después, que el entonces candidato Piñera, propusiera un bono para marzo del 2010, el mismo presidenciable se explayaba, en un diario de circulación nacional, sobre los alcances de la promesa.
Nos explicaba que consistía “en un bono de $ 40.000 por carga familiar que se otorgaría en marzo del 2010. ¿A quiénes beneficiará? A más de cuatro millones de chilenas y chilenos, favoreciendo a más de un millón de familias humildes y de clase media. ¿Por qué en marzo? Porque cada año, marzo "se aparece" a muchas familias, con importantes gastos en matrícula, útiles escolares, permiso de circulación, contribuciones y cuotas de créditos de Navidad.” Con respecto a lo anterior es prudente advertir que: el bono es un símil del entregado por el gobierno de Michelle Bachelet debido a la crisis financiera global; y segundo, que responde a los excesivos gastos que incurren las familias, todos los años durante el mes de marzo.
Lo bueno. La ayuda estatal logrará aliviar los gastos extras, de las familias más necesitadas del país, contribuyendo a formar (por lo menos durante éste año y éste mes) un ingreso ético familiar consecuente a las necesidades propias de la modernidad. Además, aportará a la confianza en la clase política, pues el Presidente cumplirá con una de sus promesas de campaña.
Lo malo. Los 320 millones de dólares que se ocuparán para entregar el bono, limitarán otros proyectos relacionados con el terremoto, a razón que, se financiarán con cargo al Tesoro Público y absorberán la totalidad de los fondos de libre disponibilidad del Presupuesto de este año.
La forma eficiente. Primero, entender que la contingencia que afecta al país, hacía absolutamente compresible una modificación de las promesas de campaña; Segundo, acelerar el catastro que identifique e individualice a las personas más afectadas por la tragedia para lograr, de esta manera, incorporar a las familias, que post terremoto, se sumarán (aprobarán) a la ficha de protección social, pero que hoy no están registradas, por lo cual, no son beneficiarias del bono; Y para finalizar, modificar el proyecto de tal modo que se mantenga el bono de $40.000 en las zonas siniestradas, pero se reduzca en las zonas incólumes, de esta forma se hubiesen ahorrado recursos y a la vez ya se habría conseguido ayudar a los más necesitados iniciado las medidas para la reconstrucción del país.
No obstante, hoy cuando el proyecto ya ésta aprobado y el párrafo anterior no adquiere ni la más minima importancia. La pregunta ¿como ninguno de todos los parlamentarios que aprobaron, en ambas cámaras por unanimidad, el proyecto no puso alguna objeción? Se responde a través del conocido cálculo político. Todos conocían la forma más eficiente, pero frente a tan mediatizado proyecto, el rechazo de alguno hubiese significado su suicidio político.
En consecuencia el primer proyecto de ley del Presidente Piñera fue aprobado y se comenzará a ejecutar la última semana de marzo. Luego y para terminar no nos podemos confundir, esta es una promesa de campaña no una solución para la emergencia o el inicio de la reconstrucción.
Nos explicaba que consistía “en un bono de $ 40.000 por carga familiar que se otorgaría en marzo del 2010. ¿A quiénes beneficiará? A más de cuatro millones de chilenas y chilenos, favoreciendo a más de un millón de familias humildes y de clase media. ¿Por qué en marzo? Porque cada año, marzo "se aparece" a muchas familias, con importantes gastos en matrícula, útiles escolares, permiso de circulación, contribuciones y cuotas de créditos de Navidad.” Con respecto a lo anterior es prudente advertir que: el bono es un símil del entregado por el gobierno de Michelle Bachelet debido a la crisis financiera global; y segundo, que responde a los excesivos gastos que incurren las familias, todos los años durante el mes de marzo.
Lo bueno. La ayuda estatal logrará aliviar los gastos extras, de las familias más necesitadas del país, contribuyendo a formar (por lo menos durante éste año y éste mes) un ingreso ético familiar consecuente a las necesidades propias de la modernidad. Además, aportará a la confianza en la clase política, pues el Presidente cumplirá con una de sus promesas de campaña.
Lo malo. Los 320 millones de dólares que se ocuparán para entregar el bono, limitarán otros proyectos relacionados con el terremoto, a razón que, se financiarán con cargo al Tesoro Público y absorberán la totalidad de los fondos de libre disponibilidad del Presupuesto de este año.
La forma eficiente. Primero, entender que la contingencia que afecta al país, hacía absolutamente compresible una modificación de las promesas de campaña; Segundo, acelerar el catastro que identifique e individualice a las personas más afectadas por la tragedia para lograr, de esta manera, incorporar a las familias, que post terremoto, se sumarán (aprobarán) a la ficha de protección social, pero que hoy no están registradas, por lo cual, no son beneficiarias del bono; Y para finalizar, modificar el proyecto de tal modo que se mantenga el bono de $40.000 en las zonas siniestradas, pero se reduzca en las zonas incólumes, de esta forma se hubiesen ahorrado recursos y a la vez ya se habría conseguido ayudar a los más necesitados iniciado las medidas para la reconstrucción del país.
No obstante, hoy cuando el proyecto ya ésta aprobado y el párrafo anterior no adquiere ni la más minima importancia. La pregunta ¿como ninguno de todos los parlamentarios que aprobaron, en ambas cámaras por unanimidad, el proyecto no puso alguna objeción? Se responde a través del conocido cálculo político. Todos conocían la forma más eficiente, pero frente a tan mediatizado proyecto, el rechazo de alguno hubiese significado su suicidio político.
En consecuencia el primer proyecto de ley del Presidente Piñera fue aprobado y se comenzará a ejecutar la última semana de marzo. Luego y para terminar no nos podemos confundir, esta es una promesa de campaña no una solución para la emergencia o el inicio de la reconstrucción.
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