Por sobre todo... PELLUHUE
No preguntéis cuantos ni quiénes son, sino ¡qué hacen! Néstor Vargas Sobarzo, Profesor
No es mi deseo revivir aquel aciago amanecer del pasado 27 de febrero. No. Retrotraerlo resultaría de un masoquismo desacertado.
Cada uno de los que fuimos protagonistas de esa tragedia, habrá de encontrar la mejor terapia, el remedio adecuado y rehacerse a esta pesadilla. Despertar y enfrentar nuestro mañana, aunque sea de cero, como corresponde a toda nueva aventura No solo reconstruir, sino reconstruirnos, también.
Si bien es cierto, mientras muchos cerraban sus ojos sin siquiera contemplar por última vez el bello cielo de Pelluhue, otros, lo perdieron todo. Pero, a su vez, muchos le ganamos el gallito a la muerte.
Quiero compartir con todos ustedes, especialmente, con aquellos que presenciaron desde afuera; los que corrieron a brindar la ayuda primera, esa ayuda solidaria, sin fronteras ni credos. Ayuda rauda, espontánea, sincera. Manos abiertas, plenas, acariciando la postal desoladora que hoy nos rodea y admirábamos orgullosamente ayer.
Voy a rendir el más claro tributo de reconocimiento a todos, partiendo por Don Alberto, autoridad responsable de la Comuna. Un Señor. Noble, abnegado, preocupado desde el primer instante en que ?se pudo actuar?, junto a sus jefes de Departamento en pleno, cuando recién, masivamente, lográbamos despertar angustiados, afligidos, creyendo más que nunca en Dios y con un somnoliento desasosiego.
Los Concejales, en terreno desde el primer momento. Algunas víctimas directas por la barrida del mar (Doña Raquel y Don Carlos). Todos, en sus puestos, brindando su amarga e impotente entrega.
A los funcionarios Municipales que no escatimaron esfuerzos por llegar al punto de reunión correspondiente, dispuestos a brindar la colaboración adecuada. A pesar de la pérdida total de algunos, ante la furia del mar que no selecciona las víctimas. Los puntos de acopio se activaron como por arte de magia.
En Curanipe y Chovellén sucedería lo mismo. Todo un panorama masivo, una vorágine de manos, rostros, carreras, voces, orden. Y comenzó, amigos míos, el real trabajo. Esto no era un simulacro.
Cada rincón diseminado por la Comuna, lento pero eficaz, comenzó a recibir lo básico, esencial, lo inmediato. Ninguno de los responsables de estas acciones en los principales centros de acopio, nadie, desertó ni claudicó. Los horarios y el tiempo no se sopesaron ni por pienso.
Han sido días interminables. En lo personal, formo parte de un equipo admirable: Felipe, Gerardita, Angélica, Jorge, Iris, Yoli, Sindy, Tatiana, Magdalena, María de Los Ángeles, Paola, Patricia, Pilar, Magaly, Jessica, Silvia, Carmen, Verónica, Ruth, Gladys, Luis y tantos otros que incansablemente hicieron posible que Junquillar, Las Trancas, El Corte, Las Petacas, Las Conejas, Mariscadero, Buena Vista, El Torreón, Caleta Blanca, El Cilantro, Las Brisas, Lovelvan, Los Botes, El Esfuerzo, Las Lomas, Lo Jara y decenas de sectores recibieran no una, sino que muchas veces la palabra precisa, el abrazo emocionado de los portadores de la ayuda que entregábamos orondos, con una satisfacción personal, al sentirnos útiles.
Son los mejores testigos de tan abnegada preocupación por parte de la Municipalidad a través de estos equipos de trabajo.
Por eso duele, amigos. Duele en lo más profundo de los corazones de los voluntarios que, hasta hoy, continuamos como los primeros días atentos a esta responsabilidad incondicional ante la incomprensible desconocida que nos hiciera nuestra propia tierra y el orgulloso océano.
Soy un profesor subyugado por el mar de Pelluhue y los inolvidables atardeceres de Mariscadero, sobre todo.
Un profesor que desde el 2 de marzo de 2009, se ilusionó, empapó con una tarea hermosa, transparente, con niños y jóvenes de estos lares y no se ha arrepentido.
Por eso duele, amigos. A veces, o casi siempre, la crítica, el descontento proviene de los propios beneficiados. La maledicencia aflora sin que nadie la invite. La siembran, riegan y cosechan, los envidiosos, fracasados y mediocres.
Me pregunto, No habrán sido capaces estos mismos ejemplares de llevarles cuentos al mar Por eso se habrá ensañado tanto.
Ahora, no nos queda más que reencantarnos y reencantar a los niños y a los jóvenes y a toda la comunidad. Convencerlos desde el fondo de nuestros corazones que nuestra comuna volverá a ser la de siempre.
Por sobre todo. ¡Pelluhue!
Cada uno de los que fuimos protagonistas de esa tragedia, habrá de encontrar la mejor terapia, el remedio adecuado y rehacerse a esta pesadilla. Despertar y enfrentar nuestro mañana, aunque sea de cero, como corresponde a toda nueva aventura No solo reconstruir, sino reconstruirnos, también.
Si bien es cierto, mientras muchos cerraban sus ojos sin siquiera contemplar por última vez el bello cielo de Pelluhue, otros, lo perdieron todo. Pero, a su vez, muchos le ganamos el gallito a la muerte.
Quiero compartir con todos ustedes, especialmente, con aquellos que presenciaron desde afuera; los que corrieron a brindar la ayuda primera, esa ayuda solidaria, sin fronteras ni credos. Ayuda rauda, espontánea, sincera. Manos abiertas, plenas, acariciando la postal desoladora que hoy nos rodea y admirábamos orgullosamente ayer.
Voy a rendir el más claro tributo de reconocimiento a todos, partiendo por Don Alberto, autoridad responsable de la Comuna. Un Señor. Noble, abnegado, preocupado desde el primer instante en que ?se pudo actuar?, junto a sus jefes de Departamento en pleno, cuando recién, masivamente, lográbamos despertar angustiados, afligidos, creyendo más que nunca en Dios y con un somnoliento desasosiego.
Los Concejales, en terreno desde el primer momento. Algunas víctimas directas por la barrida del mar (Doña Raquel y Don Carlos). Todos, en sus puestos, brindando su amarga e impotente entrega.
A los funcionarios Municipales que no escatimaron esfuerzos por llegar al punto de reunión correspondiente, dispuestos a brindar la colaboración adecuada. A pesar de la pérdida total de algunos, ante la furia del mar que no selecciona las víctimas. Los puntos de acopio se activaron como por arte de magia.
En Curanipe y Chovellén sucedería lo mismo. Todo un panorama masivo, una vorágine de manos, rostros, carreras, voces, orden. Y comenzó, amigos míos, el real trabajo. Esto no era un simulacro.
Cada rincón diseminado por la Comuna, lento pero eficaz, comenzó a recibir lo básico, esencial, lo inmediato. Ninguno de los responsables de estas acciones en los principales centros de acopio, nadie, desertó ni claudicó. Los horarios y el tiempo no se sopesaron ni por pienso.
Han sido días interminables. En lo personal, formo parte de un equipo admirable: Felipe, Gerardita, Angélica, Jorge, Iris, Yoli, Sindy, Tatiana, Magdalena, María de Los Ángeles, Paola, Patricia, Pilar, Magaly, Jessica, Silvia, Carmen, Verónica, Ruth, Gladys, Luis y tantos otros que incansablemente hicieron posible que Junquillar, Las Trancas, El Corte, Las Petacas, Las Conejas, Mariscadero, Buena Vista, El Torreón, Caleta Blanca, El Cilantro, Las Brisas, Lovelvan, Los Botes, El Esfuerzo, Las Lomas, Lo Jara y decenas de sectores recibieran no una, sino que muchas veces la palabra precisa, el abrazo emocionado de los portadores de la ayuda que entregábamos orondos, con una satisfacción personal, al sentirnos útiles.
Son los mejores testigos de tan abnegada preocupación por parte de la Municipalidad a través de estos equipos de trabajo.
Por eso duele, amigos. Duele en lo más profundo de los corazones de los voluntarios que, hasta hoy, continuamos como los primeros días atentos a esta responsabilidad incondicional ante la incomprensible desconocida que nos hiciera nuestra propia tierra y el orgulloso océano.
Soy un profesor subyugado por el mar de Pelluhue y los inolvidables atardeceres de Mariscadero, sobre todo.
Un profesor que desde el 2 de marzo de 2009, se ilusionó, empapó con una tarea hermosa, transparente, con niños y jóvenes de estos lares y no se ha arrepentido.
Por eso duele, amigos. A veces, o casi siempre, la crítica, el descontento proviene de los propios beneficiados. La maledicencia aflora sin que nadie la invite. La siembran, riegan y cosechan, los envidiosos, fracasados y mediocres.
Me pregunto, No habrán sido capaces estos mismos ejemplares de llevarles cuentos al mar Por eso se habrá ensañado tanto.
Ahora, no nos queda más que reencantarnos y reencantar a los niños y a los jóvenes y a toda la comunidad. Convencerlos desde el fondo de nuestros corazones que nuestra comuna volverá a ser la de siempre.
Por sobre todo. ¡Pelluhue!
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