Madonna seguirá siendo la Reina del Pop
Nuestra queridísima Paulina Mercado fue a ver a Madonna y nos hace una review del concierto de esta leyenda en Chile. El show con más parafernalia y estilo jamás visto. Por Paulina Mercado
Siempre quise verla. Desde pequeña esta mujer vivió en mis recuerdos por responsabilidades sonoras de los gustos de mi madre, adquiriendo con el tiempo su sonido y magnificencia.
¡Cuando venga Madonna la iré a ver!, versábamos las amigas gustosas de sus ritmos, porque algún día llegaría ese momento en que danzaríamos, cantaríamos y nos redescubriríamos a través de su espectáculo, junto a ella.
Espera Satisfactoria
Y pasó. Ante los nervios propios de una antesala así, y sin poder dormir nada en el viaje de la noche anterior, el Miércoles 10 de Diciembre 5:30 de la tarde hacía la fila general (porque no se discriminó si eras cancha o galería) junto a mi amiga Jennifer, con un calor insoportable y compartiendo agua no sólo con el interior del cuerpo, también a veces la botella servía como un breve salpicón de agua hasta para los pies.
Todos y todas éramos pura emoción. Las conversaciones giraban en si había llegado o no, si el show era el mismo que en todas partes. Una señora comentaba de cómo fue el show en Argentina y otras se impresionaban de sus palabras. Yo sólo pensaba en que faltaba poco para verla, ahí, en un mismo lugar.
A las 8:30 de la tarde -con mucha sed y calor aún en el cuerpo- pasó a escena Paul Oakenfold, un reconocido dj que encendió los ánimos con sus mezclas y reconocidos temas de grupos como U2, The Cure y hasta de la misma Madonna, dejando claro que es uno de los grandes profesionales de la electrónica.
Mas menos a las 9:00 de la noche se encienden las dos “M” que se encontraban cada una en un fin del gran escenario, con tres cubos enormes y mucha, mucha luz. A las 9:35 se apagan las luces del estadio dando paso a los juegos de luces, sonido e imágenes, todo acompañado de las M enormes que cambiaban de colores.
Ella apareció a los minutos después, sentada en un trono de reina, como siempre ha debido ser. En ese momento el nivel de emoción era máximo la gente entre que gritaba y lloraba (me sumo a eso) porque la introducción a su show es monumental y te prepara para entender todo lo que ha traído en este Sticky & Sweet tour, porque ha sido así en todo el mundo y terminará de las misma forma en Brasil.
Durante todo el show estás expectante. Las imágenes, sonidos y láser acompañan en todo momento e impresionan a la vez. El escenario en movimiento, el cambio constante de escenografía, los looks de la misma Madonna que pasaba de un vestuario a otro hacen que te maravilles aún más del poder que tiene para deslumbrar, hasta entrando en un Cadillac hermoso del cuál nadie se enteró el cómo llegó, porque todos y todas sólo teníamos ojos para verla a ella.
Repasó temas de su data discografía reinventándose absolutamente, cambiando orden, retocando otros, tomando la guitarra de la que no sólo sacaba notas, haciendo la actuación majestuosa que sabe hacer, sabiéndose que a los 50 años sigue siendo la mujer sexy que encanta a hombres y mujeres; La que baila disfrutando, que se mueve como lo desea, a pesar de que la iglesia nunca ha sido la más feliz con sus visitas a cada uno de los países en los que lleva su encanto. Y todo esto, ¿Nos importa? No, ¿Le importa a ella? Menos.
Madonna ha hecho y sigue haciendo lo que le viene en gana hacer y por eso la hemos aplaudido desde siempre, felicitando las ganas de transformar en tangible las ideas locas de su cabeza, ideas que hoy tienen años arriba de los escenarios, 12 discos y que por fin en Chile pudimos observar, con todo el placer que eso significa para quienes danzamos, cantamos y nos redescubrimos a través de su espectáculo, junto a la misma Madonna.
¡Cuando venga Madonna la iré a ver!, versábamos las amigas gustosas de sus ritmos, porque algún día llegaría ese momento en que danzaríamos, cantaríamos y nos redescubriríamos a través de su espectáculo, junto a ella.
Espera Satisfactoria
Y pasó. Ante los nervios propios de una antesala así, y sin poder dormir nada en el viaje de la noche anterior, el Miércoles 10 de Diciembre 5:30 de la tarde hacía la fila general (porque no se discriminó si eras cancha o galería) junto a mi amiga Jennifer, con un calor insoportable y compartiendo agua no sólo con el interior del cuerpo, también a veces la botella servía como un breve salpicón de agua hasta para los pies.
Todos y todas éramos pura emoción. Las conversaciones giraban en si había llegado o no, si el show era el mismo que en todas partes. Una señora comentaba de cómo fue el show en Argentina y otras se impresionaban de sus palabras. Yo sólo pensaba en que faltaba poco para verla, ahí, en un mismo lugar.
A las 8:30 de la tarde -con mucha sed y calor aún en el cuerpo- pasó a escena Paul Oakenfold, un reconocido dj que encendió los ánimos con sus mezclas y reconocidos temas de grupos como U2, The Cure y hasta de la misma Madonna, dejando claro que es uno de los grandes profesionales de la electrónica.
Mas menos a las 9:00 de la noche se encienden las dos “M” que se encontraban cada una en un fin del gran escenario, con tres cubos enormes y mucha, mucha luz. A las 9:35 se apagan las luces del estadio dando paso a los juegos de luces, sonido e imágenes, todo acompañado de las M enormes que cambiaban de colores.
Ella apareció a los minutos después, sentada en un trono de reina, como siempre ha debido ser. En ese momento el nivel de emoción era máximo la gente entre que gritaba y lloraba (me sumo a eso) porque la introducción a su show es monumental y te prepara para entender todo lo que ha traído en este Sticky & Sweet tour, porque ha sido así en todo el mundo y terminará de las misma forma en Brasil.
Durante todo el show estás expectante. Las imágenes, sonidos y láser acompañan en todo momento e impresionan a la vez. El escenario en movimiento, el cambio constante de escenografía, los looks de la misma Madonna que pasaba de un vestuario a otro hacen que te maravilles aún más del poder que tiene para deslumbrar, hasta entrando en un Cadillac hermoso del cuál nadie se enteró el cómo llegó, porque todos y todas sólo teníamos ojos para verla a ella.
Repasó temas de su data discografía reinventándose absolutamente, cambiando orden, retocando otros, tomando la guitarra de la que no sólo sacaba notas, haciendo la actuación majestuosa que sabe hacer, sabiéndose que a los 50 años sigue siendo la mujer sexy que encanta a hombres y mujeres; La que baila disfrutando, que se mueve como lo desea, a pesar de que la iglesia nunca ha sido la más feliz con sus visitas a cada uno de los países en los que lleva su encanto. Y todo esto, ¿Nos importa? No, ¿Le importa a ella? Menos.
Madonna ha hecho y sigue haciendo lo que le viene en gana hacer y por eso la hemos aplaudido desde siempre, felicitando las ganas de transformar en tangible las ideas locas de su cabeza, ideas que hoy tienen años arriba de los escenarios, 12 discos y que por fin en Chile pudimos observar, con todo el placer que eso significa para quienes danzamos, cantamos y nos redescubrimos a través de su espectáculo, junto a la misma Madonna.
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De nada pues queridas! Feliz
De nada pues queridas!
Feliz de poder plasmar un concierto maravilloso en que se dieron cita tantas emociones
Saludos Interestelares para ambas!
Gracias por mostrarnos esto
Gracias por mostrarnos esto como una vivencia muy personal querida periodista...la disfruté...
Pauly, dejame decirte que te
Pauly, dejame decirte que te entiendo absolutamente. No soy seguidora de Madonna (aunque me hubiera gustado estar ahi por lo clasica que es en la musica) pero he vivido de cerca eso de estar en el concierto de tu vida. Para mi lo fue el año pasado el de INCUBUS, que era a las 9, abrian las puertas a las 6 pero yo me fui a las 11 am para quedar adelante. JOJO. Gracias por la nota colega ;)